Capítulo 2: Cómo la física venció a la química
Sergio Girotto
Mientras los imperios químicos buscaban frenéticamente una nueva «molécula mágica», la termodinámica, con sus antiguas e inflexibles leyes, nos dirigía a la solución. Para 1995, la investigación en el NIST (realizada por McLinden y Domanski) sentenció el fin de una era: se agotaron las combinaciones atómicas para refrigerantes artificiales seguros y eficientes. La «solución química» se había rendido, y era hora de que la física tomara el timón. Elegir dióxido de carbono puro (R744) significaba chocar de frente contra una pared física aterradora: su baja temperatura crítica de 31,1 grados.
En Trondheim, el profesor Lorentzen había dibujado el mapa para evitar ese muro. Teorizó que, por encima de esta temperatura, el CO2 no debería verse obligado a condensarse como los fluidos tradicionales. En cambio, entra en un estado «transcrítico», un gas denso e inquieto.
El rendimiento energético era una maravilla con excelentes propiedades de transferencia de calor, pero el resultado que produjo fue temible: exigía presiones de hasta 120 bar, en comparación con los suaves 15-20 bar a los que estábamos acostumbrados.
Phase Diagram of CO2

En 1995, seguía siendo un poema elegante sin voz, ya que no había compresores ni válvulas capaces de soportar dicha presión. Pero, como sabrán, aquí en Italia, la artesanía es una forma de poesía obstinada. De un firme apretón de manos entre Costan y Officine Mario Dorin, en 1996 se forjó el primer prototipo mundial de compresor semiherméticopara CO2 transcrítico.
Nuestras pruebas fueron heroicas. Hicimos funcionar las máquinas al aire libre, bajo el cielo abierto, porque ninguna sala de pruebas podía contener con seguridad una explosión de 120 bar. Construimos enfriadores de gas a mano, «tomamos prestadas» válvulas de alta resistencia de excavadoras hidráulicas y ajustamos la lubricación en el barro y el viento.
Sorprendentemente, funcionó. El corazón empezó a latir, el compresor rugió y la máquina empezó a producir frío.
Aunque en 1996 el único componente existente era el compresor, confirmamos que el uso del CO2 no era un problema de principios, sino un asunto tecnológico de contención y regulación de la presión. Una vez controlado, el camino hacia el frío natural se abrió por fin, demostrando que la alta presión no era una sentencia de muerte, sino simplemente un enigma de ingeniería.

